La comarca de los Vélez, en el extremo nororiental de Andalucía, que linda con Murcia y Albacete, ofrece paisajes sorprendentes y una Historia no menos singular. Fue una de las cunas de los primeros pobladores humanos de Europa, como prueban los cercanos yacimientos de Orce, en las vecinas tierras de Granada, y hay también evidencias de poblamientos en la Edad del Bronce.
Bajo el dominio romano, por aquí transitaban las rutas que comunicaban los importantes yacimientos mineros de las Sierras de Cazorla, Segura y Sierra Morena con los grandes núcleos de población desde los que se comerciaba con el mineral. Concretamente, la calzada que unía Cástulo (ciudad de origen ibero que debió ser el germen de la actual Linares) con Cartago Nova (actual Cartagena) cruzaba estas tierras.
Con la dominación musulmana, decae la explotación minera y el poblamiento de estas tierras agrestes y pobres decae. Su importancia radica en su carácter de frontera natural frente al avance de los cristianos, frontera que es reforzada con fortalezas como la de Vélez Blanco, localidad vecina, que terminó capitulando pacíficamente ante los Reyes Católicos en 1.488 dando paso a un nuevo ordenamiento de estos territorios bajo el impulso de los Marqueses de los Vélez, que le dieron nombre a la comarca. El emplazamiento actual de Vélez Rubio se remonta a finales del S.XV y principios del XVI, cuando vencidos los nazaríes, la nueva población de moriscos y cristianos se asienta sobre lo que hoy conocemos como barrio del "Fatín" (de las Puertas de Lorca a las de San Nicolás), de calles estrechas y tortuosas, rodeados de agua y vega.
Vélez Rubio, y por extensión toda la comarca de los Vélez y la vecina de Baza (Granada) tienen un folclor propio de gran valor, en el que las formas medievales andalusíes y castellanas se funden con fuertes influencias levantinas pero casi nigún contacto con los aires flamencos que se fueron desarrollando en el resto de Andalucía. En este extremo oriental, la población gitana apenas era relevante en los siglos XVI al XVIII, en los cuales su contacto e influencia mutua con el resto de andaluces cristalizó el el flamenco.
Por ello, las Cuadrillas de Ánimas y el sonido de sus jotas, seguidillas y fandangos sorprende a quien descubre tesoros casi intactos. Dos fiestas son especialmente indicadas para descubrirlos: el Encuentro de Cuadrillas de Vélez Rubio y la Romería de Tonosa.


